El Desarrollo Infantil Temprano integral es una poderosa forma de inversión social y financiera que permite obtener resultados inmediatos que se proyecten hacia el futuro, ya que, según concuerdan los expertos, se trata de una de las mejores herramientas para combatir la pobreza. Las investigaciones han demostrado que ayudar a un niño en las primeras etapas de su vida tiene un efecto multiplicador para la sociedad. Si se deja pasar la oportunidad que se presenta en los primeros años de vida resulta cada vez más difícil, tanto en tiempo como en recursos, que un niño logre desarrollar todo su potencial en la vida.
El Desarrollo Infantil Temprano (DIT) es un conjunto de intervenciones sistemáticas e integrales en educación, nutrición y salud, así como de estimulación emocional y social para los niños entre 0 y 6 años de edad. Todas estas aproximaciones deben estar integradas entre sí, ya que cada una desempeña un papel importante en el éxito futuro de la persona.
Los primeros años de la vida son cruciales por la forma en que influyen en un amplio espectro de resultados tanto sociales como de salud a lo largo de toda la vida. Las investigaciones han probado que muchos de los retos que enfrenta la sociedad adulta, tales como el bienestar, la obesidad, los problemas de salud mental, las enfermedades cardíacas, la delincuencia y el analfabetismo tienen sus raíces en la infancia temprana.
La primera infancia se considera la etapa de desarrollo más importante de la vida. El ochenta por ciento del cerebro de una persona se desarrolla entre los 0 y 3 años de edad. Los pensamientos, las sensaciones, los atributos de personalidad y las capacidades motrices se forman durante este período, en tanto que las habilidades básicas de comunicación, especialmente las del habla y el lenguaje, se desarrollan entre los 3 y 6 años. Si el desarrollo neurológico de los niños de menos de tres años se retrasa a causa de un cuidado prenatal inadecuado, desnutrición o falta de estimulación, resulta difícil y oneroso compensar las repercusiones negativas que esto tendrá el resto de sus vidas. Entre las consecuencias a mediano y largo plazo se encuentran: salud más frágil, comportamiento negativo (antisocial) que posteriormente lleva a la delincuencia, dificultades de aprendizaje, fracaso escolar y una capacidad menoscabada para la generación de ingresos. Todo esto tiene profundas implicaciones.
Si se brindan intervenciones de DIT adecuadas, incluyendo la integración de los padres a todas las facetas de los programas de DIT, los niños que nazcan hoy en la pobreza tendrán una mejor oportunidad de superarla y podrán criar hijos prósperos cuando llegue su turno. Los niños de las comunidades más pobres son los que menos posibilidades tienen de acceder a programas de DIT de calidad, y sin embargo son quienes más se benefician de ellos.
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